El Rosario Cantado – Octavo episodio.
El Rosario Cantado – Octavo episodio.
El 26 de julio de 2026 continúa la publicación del Rosario Cantado, con el misterio de la Coronación de espinas.

San Luis María de Monte Forti - El admirable secreto del Rosario - 39

01 luglio 2026
Podemos llamar bienaventurado a aquel que, recitando el Padrenuestro, sopesa cuidadosamente cada palabra, encontrando en ellas todo lo que necesita, todo lo que puede desear. Al recitar esta admirable oración, primero conquistamos el corazón de Dios invocándolo con el dulce nombre del Padre. «Padre nuestro», el más tierno de todos los padres, omnipotente en la creación, admirable en su preservación, amoroso en su Providencia, bondadoso e infinitamente bueno en la redención. Dios es nuestro Padre, todos somos hermanos y hermanas, el cielo es nuestra patria y nuestra herencia. ¿Acaso no le basta con inspirarnos el amor a Dios, el amor al prójimo y el desapego de todo lo terrenal? Amemos, pues, a tal Padre y digámosle mil veces: «Padre nuestro que estás en los cielos». Tú que llenas el cielo y la tierra con la inmensidad de tu esencia, que estás presente en todas partes, tú que eres tu gloria en los santos, tu justicia en los condenados, tu gracia en los justos, tu paciencia en los pecadores, concédenos que siempre recordemos nuestro origen celestial, que vivamos como tus verdaderos hijos, que siempre nos esforcemos hacia ti solo con todo el fervor de nuestros deseos. «Santificado sea tu nombre». El nombre del Señor es santo y terrible, dice el rey-profeta, y el cielo, según Isaías, resuena con las alabanzas que los serafines ofrecen sin cesar a la santidad del Señor, el Dios de los ejércitos. Aquí oramos para que toda tierra conozca y adore los atributos de este Dios tan grande y tan santo, para que sea conocido, amado y adorado por paganos, turcos, judíos, bárbaros y todos los infieles; para que todos los pueblos le sirvan y glorifiquen con fe viva, esperanza firme, caridad ardiente y renuncia a todo error; finalmente, para que todos los pueblos sean santos porque él mismo es santo. «Venga a nosotros tu reino». Esto significa que en nuestras almas reine tu gracia en esta vida, para que después de nuestra muerte merezcamos reinar contigo en tu reino, que es la suprema y eterna bienaventuranza en la que creemos, esperamos y aguardamos; esta bienaventuranza que nos fue prometida por la bondad del Padre, adquirida por los méritos del Hijo y revelada por la luz del Espíritu Santo. «Hágase tu voluntad, como en el cielo y en la tierra». Sin duda, nada puede escapar a las disposiciones de la divina Providencia, que lo ha previsto y dispuesto todo de antemano; ningún obstáculo puede apartarla del fin que se ha fijado. Y cuando pedimos a Dios que se haga su voluntad, no es porque temamos, dice Tertuliano, que alguien impida la ejecución de sus designios, sino porque humildemente aceptamos todo lo que se ha dignado ordenarnos, para que siempre y en todo cumplamos su santísima voluntad, que nos es conocida por sus mandamientos, con tanta disposición, amor y constancia como los ángeles y los bienaventurados le obedecen en el cielo.

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