El Rosario Cantado – Octavo episodio.
El Rosario Cantado – Octavo episodio.
El 26 de julio de 2026 continúa la publicación del Rosario Cantado, con el misterio de la Coronación de espinas.

San Luis María de Monte Forti - El admirable secreto del Rosario - 22

14 giugno 2026
Desde que Santo Domingo instituyó esta devoción hasta el año 1460, cuando el beato Alan de la Rupe, por mandato divino, la renovó, se la llamó el Salterio de Jesús y la Santísima Virgen, porque contiene tantas Salutaciones Angélicas como salmos contiene el Salterio de David, y porque, aunque los simples e ignorantes no pueden recitar el Salterio de David, en el rezo del Santo Rosario se halla un fruto igual al que se deriva del rezo de los Salmos de David, e incluso más abundante: 1. Porque el salterio angélico tiene un fruto más noble, a saber: el Verbo Encarnado, mientras que el Salterio de David solo lo prefigura. 2. Así como la verdad supera su figura y cuerpo, así también el Salterio de la Santísima Virgen supera al Salterio de David, que era solo su sombra y figura. 3. Porque la Santísima Trinidad hizo inmediatamente el Salterio de la Santísima Virgen o el Rosario compuesto por el Padrenuestro y el Ave María. El gramático Cartagena informa sobre este asunto: Sapientissimus Aquinas, en su libro sobre la Corona de Rosácea escrito al emperador Maximiliano, dice: El rito de saludar a María difícilmente se atribuye a nuevas invenciones. Si en verdad brotó casi con la Iglesia misma, pues cuando, entre los comienzos de la Iglesia naciente, los fieles más perfectos también celebraban las alabanzas divinas con esos treinta y cinco salmos davídicos, la emulación de las piadosas costumbres derivó de los menos instruidos que ahora estaban más ocupados con lo divino... pensando que lo que era, todos los misterios de esos salmos estaban ocultos en esta elegía celestial, si en verdad aquel a quien las fórmulas salutarias y estos tres ya estaban presentes, comenzaron a llamar el Salterio, por supuesto, el Padrenuestro siendo precedido en cada decena como los salmistas habían observado previamente. {Texto original de San Luis María Grignion de Montfort sobre el Rosario. Párrafo XXII.

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